jueves, 23 de abril de 2026

CRECIMIENTO MODERADO E INCERTIDUMBRE EN AMÉRICA LATINA SEGÚN EL BANCO MUNDIAL

Un informe del Banco Mundial estima que la economía de la región crecerá 2.1% en el 2026, mientras el crecimiento será moderado y existirá incertidumbre, según la publicación “Panorama Económico de América Latina y el Caribe Abril 2026: Revisitando la política industrial: opciones estratégicas para la actualidad”.

El crecimiento y la creación de empleo de calidad en América Latina y el Caribe (ALC) siguen siendo moderados en un entorno global desafiante. La inflación sigue disminuyendo, pero la relajación de la política monetaria ha avanzado más lentamente de lo previsto, los precios de las materias primas no vinculadas a la energía se están moderando, y los persistentes déficits fiscales siguen limitando la inversión necesaria.

Además, la rápida evolución del régimen comercial global, junto con la mayor volatilidad en los mercados energéticos vinculada al reciente conflicto en Medio Oriente, genera altos niveles de incertidumbre en torno a la inversión, la inflación y la política monetaria, lo que debilita las perspectivas de crecimiento a mediano plazo.

Para el Banco Mundial, la frustración por la falta de avances en la agenda de crecimiento y empleo a largo plazo, combinada con la aparición de nuevos estudios académicos sobre los milagros asiáticos, ha devuelto la política industrial al centro del debate político en gran parte del mundo en desarrollo. Aunque los hacedores de políticas deben mantenerse abiertos a las lecciones emergentes, la experiencia histórica de ALC —desde la industrialización por sustitución de importaciones, pasando por reformas orientadas al mercado, hasta el reciente regreso de la política industrial— muestra que en todos los sectores y regímenes de políticas, persistió un débil crecimiento de la productividad, especialmente porque la región carecía de la capacidad para identificar y explotar nuevas tecnologías, procesos, productos y mercados.

Por tanto, la política industrial debe considerarse principalmente como "política de aprendizaje", con cuatro agendas: desarrollar capacidades en todo el espectro del capital humano; facilitar la experimentación y la asunción de riesgos; explotar la apertura de forma productiva; y, para corregir las fallas de mercado asociadas a cada agenda, fortalecer al estado.

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